EVOLUCIÓN Y CONFLICTO

Víctor Ortega Zarzosa.
Médico Psiquiatra. Vitoria (Álava)

(Cualquier apariencia de realidad es una mera disculpa para los intercambios afectivos)

El procesamiento de los estados de ánimo provocados por los sentimientos, y los diversos niveles de pensamiento, como respuesta a los conflictos.

Distingo tres niveles evolutivos de pensamiento, entendido este como un complejo proceso del grupo humano, de ahí el aforismo: el grupo como matriz social del pensamiento, y también el terrible imperativo cognoscitivo colectivo, o pensamiento políticamente correcto, base y sostén de la peor de las tiranías, la del estado de ánimo colectivo.

El pensamiento funciona como mecanismo de defensa compartido socialmente para procesar los estados de ánimo.

A su vez el proceso tiene al menos tres fases: recepción, elaboración y publicación. Recepción cenestésica (R. Spitz) de información, por todos los órganos de los sentidos, visual, tacto, oído, olfato, etc… probablemente más almacenada en el hemisferio derecho cerebral, fundamentalmente receptor y sintetizador; elaboración o procesamiento interno con o sin percepción diacrítica (R. Spitz) y según nivel, generación de la ideación del yo narcisista, y concienciación, o no, por el yo análogo o crítico probablemente en el hemisferio izquierdo que es fundamentalmente emisor (J. Jaynes) y por último publicación o devolución al grupo, por el sistema motor y excretor, verbalización con todos sus matices, gestos, ademanes, miradas, muecas, posturas, feromonas, y otros productos excretables, por ejemplo halitosis selectiva y otros olores corporales (psicotosomatizacion o agresividad química atávica).

Desde el punto de vista eléctrico, entran unas cargas, son procesadas en la central de gestión y tienen que salir para mantener la homeostasis, según como ya planteo uno de los pioneros de la fisiología, Claude Bernard: la constante del medio interno, es la garantía de la vida libre.

Esto se logra en la medida que se supera el filtro modulador de la corteza prefrontal, que siendo la parte más evolucionada de nuestro cerebro posiblemente actúa con respecto a nuestras conductas, incluidas las verbales de evocación mnemónica y habla, como la formación reticular tronco encefálica moduladora lo hace respecto a las aferencias que del medio interno y del exterior acceden al sistema nervioso central. De manera que si se evacua una carga eléctrica proporcional a la que está entrando en el S.N.C. este se mantiene equilibrado, y si no es así tiene que hacer una derivación para descargar el excedente, bien sobrecargando otros circuitos internos del propio S.N.C. con las interferencias consiguientes en su normal funcionamiento, o bien derivando a la verdadera toma de tierra que es a través del resto del cuerpo, quien sufrirá la sobrecarga de estrés eléctrico o somatización.

Podemos nombrar también diferentes etapas evolutivas solapadas con estos tres niveles: animatismo, animismo, mágico religioso y empírico científico, con respecto al contenido en creencias por así decir… Y señalar dos cualidades diferentes respecto al nivel de conciencia, irreflexivo o inconsciente que viene a coincidir con el primer nivel de pensamiento y el previo o proto pensamiento, y el reflexivo o consciente que sólo empieza a aparecer en el segundo nivel, muchas veces utilizado en exclusiva en racionalizar y justificar las acciones y consecuencias derivadas del efecto del primer nivel siempre latente, dado el riesgo de utilizarlo en describir la realidad tal como ya nos lo contó Platón en su ejemplo de la caverna y por tanto suscitar el rechazo del grupo, su no aprobación.

Básicamente hay dos estados de ánimo, posición Esquizoparanoide y posición Depresiva, (Melanie Klein), que se corresponden con el funcionamiento binario 1- 0 del sistema neurovegetativo simpático-parasimpático, mal llamado autónomo, por cuanto aunque no depende como el sistema motor piramidal-extrapiramidal de la volición personal, es el más dependiente del clima y circunstancias del entorno, especialmente de la calidad de las relaciones con los demás, es decir del funcionamiento del grupo. Sus reacciones lucha/fuga-retirada, se traducen en los Supuestos Básicos grupales de Lucha-Fuga, Dependencia y Apareamiento (W. Bion), que también fueron descritos por Elías Canetti en Masa y Poder, como Mutas de la horda primitiva: muta de caza, muta de guerra, muta de lamentación y muta de multiplicación. Trabajo, guerra, funerales y fiestas de guardar….

Los niveles de pensamiento que distingo en función de su complejidad son:

I nivel de la palabra, expresión verbal que corresponde al nivel irreflexivo alcanzado en el estadio humano de salvajismo (F. Engels). El impulso a actuar se divide por un lado en la verbalización, acción motora de fonación y en otras reacciones corporales.

II nivel del número, expresión del concepto de cantidad, que ya necesita de una mínima reflexión o contraste de  iferenciación, corresponde al estadio de la barbarie (F. Engels).
Estos dos primeros niveles podrían corresponderse con la bicameralidad propuesta por Jaynes, en cuyo funcionamiento el estado de conciencia no estaba asociado aún entre los dos hemisferios, ya que los hemisferios cerebrales estaban primariamente mínimamente coordinados, siendo ambos potencialmente receptores y emisores.

III nivel de la escritura, exteriorización de conceptos internos sobre la realidad de una forma verbal pero registrada en imágenes simbólicas, aunque supuso otra vuelta más de tuerca en el proceso evolutivo, concretamente con el inicio de lo que hoy entendemos por conciencia individual (J. Jaynes), corresponde al estadio en el que se resolvió inadecuadamente, y ahora lo sabemos, el conflicto sexual y reproductivo que hasta aquel momento había sido conjugado conductualmente en gran parte por el matrimonio por grupos y completado ideológicamente por la reencarnación.

El conflicto sexual se replanteó al asociarlo mentalmente con la descendencia, de la creencia consoladora en la negación de la muerte consistente en la reencarnación se pasó a la procreación, y el consuelo vino por la ocurrente y compensatoria idea de la vida del más allá, originándose los monumentos funerarios, mastabas y pirámides, de las civilizaciones más arcaicas.

El matrimonio por grupos vino a ser sustituido por la familia patriarcal como forma de organización sexual y por tanto social, que llego a su cenit en Roma, el primer imperio donde cuajó una religión monoteísta, de la mano de su gran institución: pater familias. La familia nuclear y extensa constituyen las células del tejido social en este estadio que llamamos civilización, que probablemente ahora de nuevo está en fase de colapso o estancamiento crítico, al menos, al que cíclicamente se ve expuesta, dado el fallo de pensamiento que al no ajustarse a la realidad ha contribuido a un desarrollo perverso, abocado siempre al fracaso.

Al partir de un estado de conciencia no escindida pero escotomizada, la lucha de sexos por así decir biológica o instintiva, conflicto sexual del grupo reprimido por el tabú del endosexo, se replanteó sancionándose socialmente su justificación con efectos ambivalentes, evolutivos como el origen de la responsabilidad personal, y regresivos por introyección de la vergüenza trasmutada en sentimiento de culpa por conflicto de lealtad de los hijos con los genitores.

El nivel I, el habla, por el que nos diferenciamos del resto de la especies animales, supone el funcionamiento de un modulador evolucionado de la expresión de las reacciones instintivas, probablemente situado en la corteza prefrontal, dilatando como válvula de seguridad la ejecución de una parte de estas al expresar la otra parte a través del lenguaje.

Técnicamente implementado por el sexo femenino, que tiene mucho mejor desarrollado este mecanismo cerebral, al estar desde origen más implicado por razones obvias en las relaciones sociales. R. Spitz propone como el tercero de los organizadores de la mente el dominio del no hacia los 15 meses de vida del niño. Introyección de autoridad limitadora, en forma de alucinación, descrita en la mente bicameral, de manera que el lenguaje se convierte en un nuevo aparato de percepción de la búsqueda de autorización social, idea de J. Jaynes, que ayuda a procesar los contrastes de los estados de ánimo. Así el lenguaje pudo contribuir a frenar la ansiedad de separación y muerte, la agresividad del cuerpo a cuerpo, especialmente la ligada a la cópula, y por tanto a establecer el tabú del primitivo incesto: prohibición de endo-sexo en el grupo, o ley de exo-sexo o matrimonio de grupo ya que la conciencia de la relación sexo-reproducción y por tanto el parentesco como lo concebimos actualmente tardaría aún mucho en llegar.

Los grupos que respetaron el tabú, por instinto de supervivencia, azar y necesidad, con el resultado de aumentar la colaboración dentro del grupo, consiguieron a la vez al aumentar también la colaboración entre diversos grupos para la cópula ceremonial, una diversidad genética, factor que junto con los anteriores seguramente les mejoró las posibilidades de supervivencia. Selección hacia una especie de mamíferos más cooperadora, menos agresiva impulsiva.

Cumpliendo mejor de esta manera con la teoría evolutiva de la facilitación de la vida por la cooperación, que comienza entre otros ejemplos por la rudimentaria simbiosis celular y la teoría de las burbujas libertinas prebióticas, reproducción asexual y sexual, proto células y mitocondrias….
Según C. Levi-Strauss el incesto fue la primera y todavía única ley social de carácter universal que nos diferencia del resto de especies, pudiendo haber influido en todo ello otro cambio sustancial en el estilo de vida de nuestros ancestros, como fue el paso de manada de recolectores fundamentalmente selváticos y arbóreos a cazadores a ras de suelo. Pasamos a bipedestados todoterreno o incluso semianfibios en determinados momentos, según plantean D. Morris y E. Morgan, con un cambio de muchos hábitos fisiológicos, postural, alimentación, estructura ósea, distribución de pelo y grasa en la piel, etc…
Necesitamos cambiar también habilidades y una mayor necesidad de cooperación intragrupal para la supervivencia, al estilo de lo logrado por otras especies de mamíferos como los cánidos, duchos como nosotros en interpretar los estados de ánimo de sus congéneres de forma instintiva, y quienes con una estructura de relación social de distribución de roles y jerarquías en el grupo con tantos aspectos comunes al nuestro, desde tiempos inmemoriales se dejaron adoptar y fueron utilizados como cooperadores nuestros, no sólo para la caza sino para el control de otras especies, en el pastoreo y ganadería.

C. Knigth, cree relacionada la periodicidad de los ciclos menstruales en nuestra especie, con las fases lunares determinantes de las mejores oportunidades para las partidas de caza. Así mismo, este paleo-antropólogo, relaciona el nacimiento de la cultura con el control y reglamentación de las relaciones sexuales, promovido por las hembras probablemente un poquito menos competitivas que los machos, impulsados estos a repartir sus semillas y más posesivas que ellos por dedicarse al cuidado y protección de la descendencia. En nuestra especie el cese de la función ovárica no coincide con la muerte, a diferencia de otros mamíferos, si bien en otras especies animales sumamente cooperativas, claro que a nivel de insectos, se da una especie de menopausia colectiva que afecta a todos los individuos del grupo que cooperan sirviendo a la reina reproductora.

Los grupos humanos así organizados consiguieron sobrevivir y crecer, hacerse más numerosos, enfrentando con más éxito el medio circundante, pero encontrando un nuevo conflicto inédito: El tamaño propio como grupo y sus múltiples alianzas con otros. Si desde el principio lo más importante para sobrevivir era la cooperación con los otros, a lo cual contribuyo el habla, como otra forma más sofisticada de actuar y entender, el numerar o contar potenció el rendimiento del pensamiento como mecanismo de defensa para procesar los estados de ánimo variables, ya por la cantidad disponible de contactos humanos,
alianzas a tener en cuenta, y conflictos de lealtades con ellas, como de soles y lunas que tenían que sucederse para completar un ciclo, que posiblemente de forma ritual comenzó a regular sus relaciones, de ahí quizás también las hondas raíces de la influencia de los astros en nuestra psique, incluso de antes de que apareciesen en nuestros registros mentales los atisbos de la astrología.

La mayoría de la gente tenemos enormes dificultades para pasar al II nivel, un nivel lógico, temporal y matemático, que condiciona considerablemente nuestra original reacción animal instintiva ayudando a controlar mejor los impulsos, con lo cual este lastre en algunos grupos sociales para el acceso al nivel II frena su desarrollo colectivo. Debido al escaso rendimiento de los mecanismos defensivos, se dificulta el procesamiento adecuado de las emociones que resultan desbordantes y mínimamente aliviadas por los rituales mágico-animistas.

La escasa habilidad en el control de los números, el cálculo, la cuantificación lógica del esfuerzo, la constancia y la regularidad, predispone a la incertidumbre inevitable de la suerte a la que hay que procurar rendir culto, pagar tributo y convocar mágicamente.

El subir de nivel por contrario, permite un funcionamiento más eficaz en el nivel previo, al implementarlo. Cada cambio de nivel ha supuesto una respuesta a una incitación previa que no pudo resolverse satisfactoriamente en el nivel anterior. Evolutivamente estamos estancados en el III nivel, que en realidad probablemente puede no implicar en sí otra innovación respecto a los anteriores que la articulación entre ellos, aunque eso si, haya supuesto una mayor coordinación ínter-hemisférica, con la aparición de un yo análogo y un estado de conciencia individual íntima.

El nivel II, capacidad de contar, expresar los números, responde a la ansiedad de muerte por separación del propio grupo de alguno de sus miembros, y de dificultad de sincronización temporal con los grupos aliados, cooperantes en el mantenimiento de funciones vitales, nutrición y reproducción, caza y copula fundamentalmente, ciclos solares y especialmente lunares.

En estos dos primeros niveles de pensamiento si bien no existía un nivel de conciencia completa en el sentido que hoy día la entendemos, (como reflejo reproducible de la práctica totalidad conocida de la realidad externa en el cerebro, reflejo fijado por el lenguaje como nuevo órgano de percepción (J. Jaynes), aquella proto-conciencia se adecuaba bastante a la realidad y su participación en el pensamiento probablemente era limitada pero no distorsionadora de los hechos ni de sus repercusiones emocionales.
Me refiero a la conciencia del conflicto fundamental, ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? y ¿adónde vamos?. Nacimiento, reproducción y muerte, de los que el resto de conflictos son subsidiarios. Respecto a los tres hechos fundamentales, si bien la explicación basada en la reencarnación distaba de ser completa, de una manera parcial era correcta en el sentido de no contradecir la existencia de los genes y su transmisión, repetición, por generaciones.

Se había escindido la relación del apareamiento con la reproducción de una manera primaria, protomental, al poner un freno al impulso sexual y agresivo instintivo en favor de la cooperación dentro del grupo y se completó con la alianza de cooperación con otro grupo vecino. Al impedir el apareamiento en el propio grupo la supervivencia intergeneracional sólo estaba garantizada por la alianza con grupos vecinos. De forma que la supervivencia estaba mejor asegurada y fue más exitosa en los grupos que cumplían la ley. Al limitar unos impulsos instintivos particulares para facilitar la cooperación, se potenció el instinto de supervivencia colectivo, y la excelencia genética.
Del animatismo, como arcaica protoidea darwiniana de la evolución de las especies, teoría de la descendencia de otras especies animales tótem, evolucionaron al animismo y la reencarnación, como consuelo para la ansiedad de muerte y separación. Hay que tener en cuenta que estas creencias persisten como dogma religioso en nuestros días. Y que los vascos confirman a Darwin pues todos descienden de la amona.

En este II nivel nuestros ancestros consiguieron una performance que sentó las bases del trabajo, al estilo de otras especies animales sumamente cooperativas aunque de la escala de los insectos, tal como la domesticación de otras especies y la ganadería.
Me refiero en estos términos a dos actividades genuinamente humanas, la pintura y la domesticación de varias diferentes especies animales. Del auto control al dominio sobre el medio natural, entre otros elementos el fuego y sobre otras especies.

Este nuevo escenario dio pie a una distorsión del pensamiento que condiciono de forma perversa nuestra evolución posterior, con una parte importante regresiva, adoptando la forma de bucle o espiral perpetua: comienzo de reorganización,desarrollo, colapso y desintegración; con aparentes diversas etapas denominadas sucesivas civilizaciones (A. Toynbee).

El pensamiento se adecuo más a la realidad pero sólo de una manera parcial, distorsionada por escisión y negación de la otra parte, fortaleciendo una de las bases de la cooperación interpersonal, la responsabilidad del individuo en relación al grupo, quien le devolvió una parte de su poder y autonomía sexual y agresiva, de la que había sido privado por el mismo grupo en el proceso de humanización, pero a la vez sanciono socialmente de forma errónea la posesividad o afán de dominio instintivo de una parte sobre otras, alterando el hasta entonces delicado equilibrio social de cooperación, creando un escenario mental nuevo por conflicto de lealtades y sentimientos de culpabilidad, hasta entonces inéditos en la mente humana: Lealtad al grupo-madre hasta entonces único propietario y dueño absoluto de sus miembros y lealtad al propietario padre sin cuya semilla la hembra humana no iba a procrear.

Estableciéndose los cimientos de una lucha de poder ínter sexual, de fundamento no biológico instintivo, ya suavizado en nuestro proceso de humanización, sino social en la estructura mental colectiva, el grupo como matriz social del pensamiento o imperativo cognoscitivo colectivo, originando una perversión contaminadora de todos los procesos de desarrollo ntrapersonal,
yo análogo sustitutivo (políticamente correcto) yo ideal consciente con represión introyectada.

Otro gran conflicto en torno a la ansiedad de separación y muerte hasta entonces conjurado por la reencarnación, sobrecargo el pensamiento humano:
la noción de muerte personal y definitiva desaparición. Dado que sí proveníamos de la semilla del padre ya no estaba tan claro que fuésemos a reeencarnarnos. Aunque no por ello, como ya he señalado antes, dejo de mantenerse la reencarnación en gran parte como creencia aliviadora de la ansiedad de muerte hasta nuestros días. Y ya de paso junto con las inferencias de los sentimientos de culpa originados por los conflictos de lealtades, aparecieron las maniobras mágicas en torno al parto que se describen bajo el término general y universal de couvade.

Esto desencadeno el paso al III nivel, perpetuar la realización de deseos, el legado, escribir.
De forma que las primeras civilizaciones estuvieron marcadas por un estricto orden de control jerárquico, totalitarismo que resurge periódicamente por necesidad de negación de conflictos de lealtad por la fuerza, para organizarse viviendo el presente en función de prolongar la propia vida hacia la eternidad, momias y tumbas, mastabas y pirámides para la eternidad, fueron sus principales industrias de consumo, hasta que el desarrollo paulatino del III nivel de pensamiento, la escritura, legado personal que nos sobrevive, contribuyo a contener mejor los desbordamientos si bien no de forma suficiente, entre otros motivos por la aparición del conflicto de lealtades en la mente, la culpa y el yo análogo.

El conflicto fundamental se hizo más complejo, dejamos de ser una reencarnación, aunque para algunos incluso lo seguimos siendo hoy día, y empezamos a ser hijos de otro miembro del grupo, el cual sanciono el afán de dominio instintivo de unos miembros sobre otros, origen del sentimiento de propiedad personal, de la propiedad privada, que empieza por la descendencia y se continúa con el resto, pero no dejamos de ser alumbrados por la madre, quien de ser la reencarnadora de los espíritus de la tribu, dogma reservado actualmente para el hijo de Dios hecho hombre, pasó a ser la fructificadora de la semilla del hombre propietario y a la vez incluida como parte de la propiedad, origen del yo análogo, poseída y poseedora a su vez, entrando la pareja reproductora en la dinámica de sumisión y sometimiento que dificulta, hasta poder impedir, la cooperación, lo que más nos caracterizaba como grupo humano, y siempre constituyendo un factor desestabilizador de los estados de ánimo para los descendientes.

Además apareció en la mente un nuevo concepto a modo de arma eficaz y por tanto muy peligrosa de usar, como cuchillo de doble filo, si hasta entonces la pulsión incestuosa tabú básica para favorecer la cooperación en el grupo era la de la relación materno filial, empezó con el reconocimiento de la paternidad un nuevo vínculo entre ambos sexos, que no sólo implemento la cooperación intergeneracional sino por ello reforzó socialmente la pulsión incestuosa, probablemente generando un sentimiento inédito aunque basado en la primigenia envidia, los celos prototípicos de la historia de Edipo y de la historia de Eva.

Se desencadeno un doble conflicto de lealtad y de identidad al aparecer dos modelos fundamentales y diferentes de atracción mimética dentro del grupo, que volvió a organizarse de forma jerárquica, poseedor y poseído, con identificaciones y contra identificaciones, introyección de los modelos diferentes y de la relación entre ellos, introyección del conflicto en su caso.

Probablemente esto fuese el inicio de los rudimentos de lo que hoy entendemos como conciencia, de darnos cuenta de algo que nos confunda, que nos afecte, de la diferencia con el otro especialmente del otro sexo. Poder contener mentalmente el conflicto, pensarlo, hablar de ello. O no tener conciencia de ello, pero actuar por sus consecuencias. Desde entonces nuestro futuro personal va a estar fuertemente condicionado por la relación real entre los progenitores y con cada uno de ellos,
nuestra forma de introyectarla, de elaborarla mentalmente y verterla de nuevo en nuestras relaciones, nuestra capacidad de pensarla y usar esa experiencia en nuestro mejor sistema de alivio del conflicto personal fundamental, es decir, las relaciones con los demás. Convertir el odio en pensamiento, nos recomendaba Pat de Maree, y el pensamiento en relación. De lo contrario el odio aísla.

En la actualidad el origen de la idea principal de la familia patriarcal ha quedado sin fundamento, al ser fruto de un pensamiento evidenciado erróneo, impactando de lleno su cuestionamiento en la mentalidad colectiva desde que empezó el control femenino de la reproducción, y ahora nos encontramos sin un modelo alternativo eficaz de unidad social de reproducción que continúe vertebrando la organización social. Además estamos probablemente agotando el recorrido del III nivel de pensamiento, incapaz de contener las emergentes ansiedades de división individual generada por este doble conflicto.
Desde hace ya bastante tiempo se están produciendo reacciones regresivas socialmente, los arcaísmos y los futurismos descritos por Arnold Toynbee, aferramientos al patriarcalismo genuino y otras utopías totalitarias socialistas que derivan en barbarie y salvajismo. Mantener la sanción social del afán de dominio delegada en la figura del padre, o monopolizada por el grupo.

Ante la dificultad de encontrar la vía eficaz y el esfuerzo consiguiente para llegar a la compleja sociedad de los individuos imaginada por Norbert Elías.